
Cartel del cine del León de Xàtiva promocionando la película «Los dos sargentos», en julio de 1913. / Llorens/Cháfer
«Los Miserables», una producción francesa de 168 minutos de duración, de unos 5010 metros de celuloide inspirada en la inmortal obra de Víctor Hugo, fue la primera gran película emitida por aquel junio, en la que se demostraba que la cultura podía atraer a todo tipo de público. Dada la duración de la película, de casi tres horas, se optó por pasarla en sesiones de tres días, para hacer más negocio, y de paso seguir con otras alternativas a las de contemplar mujeres ligeras de ropa, como la de amenizar los pases con actuaciones musicales. Para ello, don Hilario había contratado un sexteto de cuerda bajo la dirección de Rafael Català. Pero ser pianista de cine mudo no era un negocio viable para asegurarse la subsistencia, y se anunciaba en prensa como propietario de una tienda de música donde vendía pianos de las mejores marcas, y todo tipo de partituras para solfeo, orquesta y banda. Fue así, aquel cine, el mejor escaparate para promocionar la venta de sus instrumentos musicales.
Según el crítico de espectáculos Bohemio Gris, el pase de los Miserables, sin varietés, fue un rotundo éxito, y afirmaba que el público ha tomado con gusto esto de las películas solas y mucho más si en ellas palpita el folletín…. Pero, cada cambio rollo de celuloide implicaba un corte de película, y un peligro, porque las cabinas estaban repletas de celuloide ante el aumento de los metrajes. Metros y metros de un material altamente inflamable, lo que dio lugar a las primeras catástrofes provocadas por el incendio de los cines.
Sólo un año y medio antes se había producido en Vila-real la catástrofe del cine la Luz. Sobre las 22.30 de un 12 de mayo de 1912, el largometraje de 2200 metros, alma de traidor, se enganchó en el metro 700 y el local se quedó a oscuras. El cinematógrafo, modelo Graumont con proyector de la marca Pathé, generó una chispa que prendió sobre el celuloide. Este material altamente inflamable, encerrado en una cabina de madera situada al lado de la única entrada y salida del cine hizo el resto. En total, 69 muertos y 150 heridos, entre los que se encontraba la niña de siete años Lidia Sarthou Vila, hija del por entonces juez de la ciudad y posteriormente secretario municipal y cronista oficial de Xàtiva. ¿Fue aquella causa la que le motivó a emigrar de una ciudad donde tenía la vida hecha?. No sabemos.
Por un tiempo, los setabenses cogieron miedo a los cines y la afluencia a las salas disminuyó, y se desencadenó una psicosis, que tiempo después tuvo su reflejo en el cine del León. Nos lo cuenta también Bohemio Gris: “la gente que acude al cine lleva consigo el miedo que despertó la tragedia del humilde cine pasto de las llamas en Villarreal, y cualquier caso es motivo para recordarla”. Hagamos un breve resumen de su crónica. “…sobre el lienzo se proyectaba la segunda parte de los carbonarios. Sólo unas treinta personas, y de repente sobreviene la ruptura de la cinta y el fuego se prende a ésta… las paredes de la cabina de ladrillo, el techo forrado de amianto, la ducha inunda de agua la cabina en un minuto. El percance queda reducido sólo a la pérdida de la película”.
Medidas de seguridad
Recientemente, el cine del León había tomado las medidas pertinentes en la cabina para evitar repetir la tragedia de Villarreal, pero el pánico se apoderó de la sala y el público se precipitó hacia la salida, ocasionando más de un contusionado. El cine León cumplía con todas las medidas antincendios, pero, a pesar de todo, don Hilario telefoneó a la casa Pathé, y se decidió acabar con la cabina y situarla en la parte exterior del salón. Superados aquellos miedos, los largometrajes debían seguir atrayendo público. Para ello había que seguir proyectando buenas películas en condiciones de seguridad, sin renunciar a otros espectáculos para amenizar los cambios de rollo de aquellos films de infinito metraje, y donde parece que ser que el gestor del cine introdujo por primera el corte publicitario.
«Los tres sargentos», estrenada el 25 de julio de 1913 y proyectada de una sola vez, en una sesión de dos horas. Unos 3.000 metros de cinta. La película fue producida y distribuida por la compañía italiana Pasquali Film, fundada por Ernesto María Pacuali en Turín a comienzos del siglo XX. Fue una de las más importantes empresas de cine mudo de aquellos años, y que posteriormente quedó asociada a la Unión Cinematográfica italiana. El director fue Eugenio Perego y la película fue estrenada a inicios de 1913, y en aquel verano llegó a Xàtiva. Era un drama basado en una obra teatral francesa ambientada en los tiempos de las guerras napoleónicas, que tuvo como curiosidad añadida que sufrió el primer corte publicitario de la historia local, para anunciar con música incluida, la Marcha del Anís Volcán, creada por el músico setabense Vicente Terol, y cuyo nuevo producto había salido de las cercanísimas Destilerías Botella. No sabemos si hubo cata del mismo tras la proyección del film y nos preguntamos si los cortes publicitarios llegaron antes que el sonido a los cines.


























