LA MAGDALENA PENITENTE EN XÀTIVA
Hasta el 12 de octubre de 1924 pudieron disfrutar los setabense de un cuadro original del pintor José Ribera Cucó en el museo de Bellas Artes de Xàtiva. La obra elegida ha sido la Magdalena Penitente, un óleo sobre tela pintado por el Espanyoleto en 1641, dentro de un ciclo dedicado a representar cómo se puede obtener el perdón de los pecados, de la que forman parte también otros cuadros, como: San Juan Bautista, San Bartolomé, y Santa María Egipcíaca. La Magdalena, más que un efusivo ejemplo de arrepentimiento de la mujer pecadora destaca por la exaltación de la belleza femenina, con un criterio tal vez más estético que piadoso, algo inusual en el pintor setabense. Tal vez por ello, haya sido la obra elegida para visitar Xàtiva.
UN CUADRO DIFERENTE A LA PROPUESTA CLÁSICA DE RIBERA
El pasado miércoles el doctor en historia del arte y jefe de Pintura Barroca Española del Museo del Prado, Javier Portús Pérez, pronunció en la Casa de Cultura de Xàtiva, la conferencia: Una obra maestra de Ribera: La Magdalena Penitente. La charla se enmarca dentro del ciclo de actividades programadas para participar en la iniciativa del arte que conecta, creada por el Museo del Prado en colaboración con Telefónica, para acercar las obras más relevantes de la historia de la pintura española a todos los rincones de la geografía nacional, y en el caso setabense, para poder permitir disfrutar presencialmente de la pintura de Ribera, en su ciudad de origen, ya que como el ponente recalcó, Jose Ribera Cucó, jamás olvido su patria natal, a pesar de lo poco que vivió en ella, firmando hasta diez cuadros como natural de la ciudad de Xàtiva o setabensis.
La Magdalena Penitente fue la obra elegida por el Museo del Prado para cederla al Museo de Bellas Artes de Xàtiva. Obra que podrá ser visitada hasta el próximo cinco de octubre. Fue pintada por Josep de Ribera en 1641, cuando contaba el autor unos cincuenta años, es decir en la cima de su carrera, a la que el doctor Portús no dudó en calificar como obra maestra por alcanzar la perfección compositiva, cromática, descriptiva y emotiva.
En ella demuestra la capacidad para ocupar toda una superficie pictórica en perfecto equilibrio, gracias al dominio del dibujo. Una obra también de gran valentía cromática, donde introduce el color de la escuela veneciana de Tiziano, en la esencia tenebrista de Caravaggio, la principal influencia de Ribera hasta 1620, lo que se traduce en los azules y rojos de las ropas y mantos que envuelven a la penitente. Ello le permite ganar en la transmisión de emociones, como es en este caso el del arrepentimiento, donde Ribera ya no es garante de la estética de lo feo, como reflejo de pobreza, santidad o sufrimiento, sino de la belleza sublime, como espejo de la penitencia.
LA BELLEZA FEMENINA CONVERTIDA EN SANTIDAD
La Magdalena es una rareza de Ribera, porque pintó a muy pocas mujeres, y jamás tan bellas, y menos que se pudiera asociar la sensualidad de los pies desnudos, el hombro al descubierto, o el cabello suelto, a la doctrina de la confesión y el arrepentimiento. Como apuntó el conferenciante, lo que hubiera resultado inmoral desde una perspectiva de la iglesia de la Contrareforma nacida del Concilio de Trento, se podía permitir en el contexto de la exaltación de la penitencia, como única forma de conseguir el perdón de los pecados, de aquel pasado evocado por el autor en detalles como el manto rojo, o los perfumes, representantes de una vida más dedicada a los placeres mundanos, que a la espiritualidad.
En suma, todo un ejemplo de la capacidad extraordinaria de la narrativa de un cuadro rompedor con todo lo que había realizado hasta ese momento Ribera, un pintor experto en representar la santidad masculina a través de la decrepitud, la ancianidad o la miseria. La Magdalena fue un encargo realizado por Jerónimo de la Torre, alto funcionario de la Corte de Felipe IV, que a la sombra del Conde-Duque de Olivares, hizo carrera en Nápoles, lugar donde Ribera se convirtió en el pintor preferido de todos los virreyes españoles, y lo que permitió, según el profesor Portús, que Ribera se convirtiera en el pintor con mayor influencia de todo el siglo XVII, y que la mayor parte de su obra acabara formando parte de las colecciones reales españolas.
NO HA SIDO LA MAGDALENA EL PRIMER CUADRO DE RIBERA EN XÀTIVA
El cuadro ha sido cedido por el museo del Prado de Madrid, en colaboración con Telefónica, a través de la iniciativa el arte que conecta, con la que se consigue cumplir un doble objetivo, la de conmemorar el centenario de la empresa pública de telecomunicaciones, y la de convertir el Prado en un museo nacional, cuyo arte llega a todos los rincones de España. Curiosamente, la Magdalena Penitente ha llegado justo cien años después, de la triple efeméride, que nuestra Biblioteca va a conmemorar hoy, como fue: la adquisición de un Ribera para el naciente museo, la cesión del Prado de dos Riberas a Xàtiva en el contexto de la Dictadura de Primo de Rivera, y el hallazgo de la verdadera partida bautismal del Españoleto, a cargo del por entonces, sacerdote, arqueólogo, y cronista de Xàtiva, Gonzalo Viñes Masip. Y, analizaremos, también, que su huella perduró, al crear escuela con otros discípulos que siguieron sus pasos, como es el caso del setabense Joan Do.
LA DONACIÓN DE ATTILIO BRUSCHETTI
El 14 de marzo de 1924, Attilio Bruschetti donaba al naciente museo de Xàtiva un lienzo del Salvador atribuido a José de Ribera, adquirido por 12.000 pesetas al anticuario sevillano Fernando Tejera. Hizo entrega del cuadro ante el notario Luís Maestre, aceptando la donación, el por entonces alcalde de Xàtiva, José Bataller Carreres. En teoría, se trataba de una de las obras que dejó pintadas antes de su marcha a Italia. Con el tiempo se descubrió que era falso.
Hubo mayor suerte en junio de 1924, cuando por medicación de Elías Tormo, por entonces vicepresidente del Patronato del Museo Nacional del Prado, junto a la ayuda de las fuerzas vivas setabenses, el citado Bruschetti, los Selgas, y la amistad que tenía el pintor José Carchano, promotor del museo, con don Elías, se consiguió ceder temporalmente a Xàtiva, las obras de San Onofre desnudo y un busto de San Matías. En aquel entonces, se perseguía el mismo objetivo que hoy, el de buscar referentes para poder crear en España una cultura nacional, que despertara el aletargado orgullo patrio
LA VERDADERA PARTIDA BAUTISMAL DE RIBERA
Pasada la feria de 1924, fue noticia de portada en la prensa regional y local, el hallazgo de la verdadera partida bautismal del Espanyoleto. Hasta ese momento se había pensado que Jose de Ribera había nacido el 12 de enero de 1588, según la historiografía italiana, de alguien que localizó la partida bautismal en la Seu de Xàtiva, confundiéndola con la de un pariente. No se había trazado su árbol genealógico, y se tendía a utilizar como prueba de su identidad setabense, el hecho que firmara muchos de sus cuadros como setabensis, o a través de las partidas bautismales de sus hijos, donde el aparecía como “Giossepe Ribera, de Sativa, del Regno di Valentia”
A pesar de ello, se utilizó aquella errónea fecha como referencia para celebrar la onomástica de los trescientos años del nacimiento del más ilustre pintor del Barroco valenciano. Una idea promovida por Teodoro Llorente, de cuya propuesta se hicieron eco Agrasot, Benavent, Brel, Benlliure, Sorolla, Pinazo o Pla, entre otros, quienes se pusieron manos a la obra para organizar una exposición colectiva en honor a las glorias de Ribera.
En la primavera de 1887, se inaguró en la calle del Mar, con gran éxito de público. Los setabenses que acudieron a visitarla salieron admirados por la calidad de las obras presentadas y escandalizados porque en su ciudad natal no se había programado nada para celebrar la efeméride, lo que iba a provocar la lógica conclusión de que José de Ribera había nacido en Valencia, y no en Xàtiva. Cosa que no se podía consentir según razonaba el periodista Pascual Cucarella que, desde los editoriales del Clamor Setabense, inició una campaña para organizar un homenaje paralelo al que se iba a realizar en Valencia, que tuvo como resultado mucho tiempo después, la erección de la estatua del pintor ubicada en la plaza del Cuartel, que cambiaría su nombre por la de Espanyoleto.
Tres décadas después, Viñes corrigió el error cometido, al localizar en la Seu de Xàtiva, la verdadera partida bautismal. Tuvo la sabia idea de transcribirla y fotografiarla, siendo su transcripción literal la siguiente: “dit dia desét de febrer de 1591 mosen quintana vicari batejà a joan Joseph fill de simó ribera y margalida cucó conjugues. Foren padrins mister pere becerra prévere y hieronima vecerra, generos”. Lo de sabia se debió a que trece años después, aquel libro octavo de bautismos se perdió durante el provocado incendio que sufrió la Colegiata de Xàtiva en julio de 1936.
REIVINDICANDO A JOAN DO CHERT
Ahora, en otra ocasión, se podría traer obra de los discípulos de Ribera, como la del setabense Joan Do Chert que, nacido el ocho de agosto de 1601, siguió los pasos del ilustre maestro, y acabó su vida pictórica en Nápoles, como consecuencia de la peste de 1656. Fue considerado como el mayor copista autorizado de las obras de Jose de Ribera. Y es que Xàtiva, tal vez tuvo más de un Ribera.






















































